En esta película se observa un claro ejemplo de cómo en algunos sectores de la sociedad no se respetan los derechos. En cuanto a las instituciones mentales se ve claramente al tríangulo inverso, en el cual el paciente está debajo de su familia, el doctor, y la institución en la que está siendo atendido.
Quitándole así, el derecho a decidir sobre si quiere o no, estar ahí o qué es lo que más le conviene, ni siquiera se toman en cuenta sus deseos o necesidades pues es invalida cualquier cosa que diga, ya que ha sido etiquetado por “el que sabe” que además viste de bata blanca para demostrar su poder.